Katiana CordobaAcompañamiento individual y sonoterapia
Todos los artículos

La bondad, la verdad y el valor de ser auténtico

Reflexiones sobre la frase «Es mejor ser amable que tener la razón»

Tal vez has escuchado la frase «Es mejor ser amable que tener la razón». Es sencilla, sabia y de verdad bonita. Pero como muchas cosas bonitas, guarda una verdad más profunda que muchas veces se pasa por alto: a veces, por querer ser amables, terminamos abandonando lo que es verdad.

Nos callamos. Asentimos cuando deberíamos hablar, sonreímos cuando algo por dentro nos duele, y decimos que sí, no porque de verdad estemos de acuerdo, sino porque nos da miedo que el desacuerdo incomode o decepcione a los demás. Eso no es bondad; es borrarnos a nosotros mismos, y es muy distinto del amor.

La verdadera bondad no es la ausencia de verdad. La verdadera bondad incluye la verdad.

Cuando creemos que ser amables es hacernos pequeños para dejarles espacio a los demás, no estamos siendo amables; estamos teniendo miedo. Miedo de no caer bien, de no ser aceptados o de que no nos vean como buenas personas. Entonces nos encogemos para mantener la paz y evitar tensiones, y al hacerlo descuidamos nuestro propio corazón.

Esto pasa sobre todo a quienes nos vemos como "buenas personas": los que ayudan, los que sanan, los que dan. Muchas veces confundimos ser amables con decir que sí a todo, evitar los conflictos y mantener a todo el mundo cómodo, aunque nos cueste nuestra propia voz.

El amor empieza por ti

Si no puedes expresar tu verdad, tus necesidades, tus límites o tus decepciones, algo esencial se está negando. Y cuando niegas tu verdad durante mucho tiempo, no desaparece. Se vuelve hacia adentro y se convierte en resentimiento y en abandono de ti. Con el tiempo, también tiende a atraer a personas que hacen lo mismo: que ignoran tus necesidades, pasan por encima de tus límites y no te escuchan, porque sin darte cuenta les enseñaste cómo hacerlo.

Por eso hay que tener cuidado con la frase «es mejor ser amable que tener la razón». A veces, hacer lo correcto es lo amable.

Imagina que compras algo y, cuando vas a recogerlo, no es lo que pediste. Tienes dos opciones. Puedes no decir nada y llevártelo, porque no quieres incomodar a nadie. O puedes decir, con calma y claridad: "Esto no es lo que pagué". Las dos se pueden hacer con amabilidad, pero solo una respeta la verdad.

No se trata de ser duro, agresivo o confrontador. No necesitas dejar de ser amable para ser auténtico. De hecho, la forma más poderosa de bondad muchas veces llega a través de la honestidad, de una expresión clara y respetuosa de uno mismo. La autenticidad no es lo contrario de la bondad; es su base.

Saber cuándo hablar y cuándo callar

Y sin embargo, la sabiduría también es saber cuándo hablar y cuándo quedarse en silencio. Hay momentos en que insistir en tener "la razón" no sirve de nada, cuando la otra persona no está abierta, o cuando la verdad solo avivaría el conflicto en vez de sanar. En esos momentos, el silencio puede ser un acto sagrado: no una manera de reprimirte, sino un acto de discernimiento. No te estás callando a ti mismo; estás escogiendo la paz, porque la paz le sirve a todos.

Otra vez, la clave es la conciencia. Podemos preguntarnos: ¿Me estoy callando por amor o por miedo? ¿Estoy hablando para traer claridad, o para sentirme superior? ¿Mi amabilidad nace de la fuerza, o de una sensación escondida de no valer lo suficiente?

Cuando nos expresamos desde un lugar firme y amoroso, honramos al mismo tiempo la verdad y la bondad, y dejamos de verlas como opuestas. Existe un camino del medio, un espacio equilibrado y consciente donde la bondad nace de la verdad en vez de alejarse de ella, donde hablamos no para ganar ni para tener "la razón", sino para ser auténticos: para estar alineados, y para amarnos a nosotros mismos y a los demás sin abandonar a ninguno.

Así que tal vez la verdadera enseñanza no es escoger entre ser amable y tener la razón, sino escoger lo que es real, y expresarlo con bondad. La verdad sin amor es dura, y el amor sin verdad es vacío. Pero la verdad expresada con amor sana. Eso es lo que nos eleva, y eso es lo que nos hace libres.

Katiana

También en el blog

Todos los artículos