Katiana CordobaAcompañamiento individual y sonoterapia
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¿Los demás me ven? ¿Yo me veo? Sanar la sensación de ser invisible

Me he dado cuenta de que cuando me siento incomprendida, lo que de verdad siento es el peso de no ser vista, no del todo, no en profundidad. Es un anhelo que sé que muchos compartimos: el deseo de ser comprendidos, de sentirnos seguros en presencia de otra persona. Pero he llegado a ver que ese anhelo muchas veces apunta a una verdad todavía más profunda: la necesidad de ser vista por mí misma.

¿Cómo puedo esperar que otra persona me vea si a mí me cuesta verme por completo? ¿Cómo puedo pedir seguridad si todavía no he creado ese santuario dentro de mí? Estas son las preguntas que han ido dando forma a mi camino de sanación y de libertad interior.

¿Dónde no me estoy viendo?

Hace poco me pregunté: "¿Dónde sigo sin reconocer mis emociones, mi esencia, mi niña interior?" La respuesta fue incómoda, pero clara. Hay partes de mí que paso por alto, sentimientos que evito y heridas de las que me distraigo. Y mientras no les abra espacio a todas esas partes, no puedo conectarme de verdad conmigo misma, ni con nadie más.

Este camino de sanación puede sentirse estrecho, a veces hasta solitario. No es un camino que mucha gente vaya a recorrer a nuestro lado. Pero es el mío, y al recorrerlo veo que mi mayor protección, mi conexión más profunda y mi guía más verdadera tienen que venir de adentro.

Mirar hacia afuera, mirar hacia adentro

Me he dado cuenta de lo fácil que me enfoco en lo de afuera. Es más fácil mirar lo que hacen los demás que quedarme con mis propias emociones. Muchas veces me he sorprendido preguntándoles a otros: "¿Por qué no me entiendes? ¿Por qué no me ves?", cuando la verdadera pregunta era: "¿Dónde no me estoy entendiendo yo? ¿Dónde no estoy viendo mi propia verdad?"

Creo que el mundo refleja nuestro estado interior. Cuando me siento invisible, es una invitación a mirar hacia adentro, y cuando me siento desconectada, es un llamado a reconectarme conmigo. No es un trabajo fácil. Pide honestidad. Me pide quedarme con la incomodidad de mis miedos, mis desilusiones y mis necesidades no satisfechas, y dejar de buscar la seguridad afuera para poder crearla dentro de mí.

Ver todo lo que soy

Estoy aprendiendo que verme significa permitir que todo lo que soy exista: la niña vulnerable, la observadora sabia, la sanadora, la buscadora. Significa preguntarme no solo "¿Qué pasó?", sino también "¿Cómo me siento con eso?". Significa tomar de la mano a la niña que hay en mí mientras camina por las calles peligrosas de mis recuerdos, y susurrarle: "Te veo, y aquí estoy".

Entre más me veo, más puedo darme la conexión y la seguridad que siempre he anhelado. Y desde ahí puedo abrirles el corazón a los demás sin miedo, sin rabia, sin los muros que construí para protegerme.

Este es el trabajo de sanar. No se trata de arreglar lo que está roto, sino de amar lo que está herido, ver lo que ha estado escondido y volver a estar completa.

Se trata de crear un santuario por dentro, donde pueda descansar en mis propios brazos y sentirme segura.

Una invitación

Comparto esto porque sé que muchos de ustedes también están recorriendo este camino. Si alguna vez te has sentido invisible, sin que nadie te escuche o sin un lugar seguro, puede que en el viaje hacia adentro encuentres lo que has estado buscando, porque la conexión que anhelas empieza contigo.

Así que hoy te invito a preguntarte: ¿Dónde no me estoy viendo? ¿Dónde no estoy sintiendo mis propias emociones? ¿Dónde no me estoy dando la seguridad que necesito? Las respuestas pueden ser difíciles de mirar, pero guardan una llave para tu libertad. Y a medida que empieces a verte con más claridad, puede que descubras que el mundo te devuelve esa mirada de maneras muy bonitas.

Este camino es tuyo, y es sagrado. Recórrelo con valentía, con amor y con la certeza de que lo que necesitas ya está dentro de ti.

Katiana

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