Katiana CordobaAcompañamiento individual y sonoterapia
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Ver a las personas como son, no como quisieras que fueran

Durante gran parte de mi vida creí que ver lo mejor de las personas era mi fortaleza. Y aunque esa forma de ver trajo luz a muchas situaciones, también me llevó a ignorar realidades que tenía justo enfrente. Lo aprendí a las malas, en una relación en la que seguía enfocándome en la "luz" de alguien que me trataba mal. Pasaba por alto su comportamiento dañino diciéndome: "En el fondo es buena persona", hasta que el dolor fue demasiado grande para seguir ignorándolo.

Esa experiencia me enseñó algo esencial: para sanar y crecer, necesitamos aprender a ver las situaciones, y a las personas, como realmente son, no como quisiéramos que fueran.

Por qué importa la objetividad

Cuando miramos a los demás a través de lo que esperamos ver, perdemos la oportunidad de entenderlos a ellos y de entendernos a nosotros mismos. No se trata de juzgar a nadie ni de ponerle la etiqueta de "bueno" o "malo". Se trata de observar sus acciones y lo que nos hacen sentir, sin filtrarlo todo a través de nuestras expectativas o deseos.

Por ejemplo, si alguien te grita, en lugar de decirte "Ay, es que está estresado", puedes notar la realidad objetiva: "Esta persona me está gritando, y eso me da miedo". Y si sientes miedo o incomodidad cerca de alguien, no tienes que descartarlo. Puedes preguntarte: "¿Por qué me siento así? ¿Esto viene del momento presente o de algo que no he resuelto en mi pasado?"

Esta observación no se trata solo de la otra persona. También es un espejo de algo más profundo dentro de ti, y cada reacción se vuelve una invitación a sanar.

El papel del niño interior

Muchos de estos sentimientos nos llevan de vuelta a nuestro niño interior. Digamos que alguien te grita y te sientes impotente o con miedo. Esa reacción puede venir de una época de tu infancia en la que la rabia de un adulto que te cuidaba te hacía sentir pequeño, atrapado y sin poder irte. En ese entonces, quizás aprendiste a tragarte lo que sentías y a quedarte, porque irte no era una opción.

Ya en la adultez, ese mismo niño interior puede seguir teniendo miedo de defenderse, creer que tiene que "amar incondicionalmente" para evitar conflictos, o sentir que es más fácil, y más seguro, aguantar un mal trato que irse. Cuando te das cuenta de esto, la sanación puede empezar. Puedes tranquilizar a ese niño interior: "Ahora estás a salvo. Tienes fuerza, y tienes el poder de elegir lo que es bueno para ti".

Sanar y tomar decisiones conscientes

Una vez que reconoces la realidad objetiva de una situación y exploras los sentimientos que despierta en ti, estás en condiciones de tomar decisiones conscientes. Tal vez quieras tomar distancia de alguien cuyo comportamiento te hace daño. Tal vez haga falta una conversación honesta sobre lo que sientes. O tal vez sea hora de irte del todo. La diferencia es que ahora ya no reaccionas desde una herida inconsciente: eliges desde una parte de ti más centrada, más sanada y más fuerte.

Por qué esto importa

Ver a las personas como son, y permitirte sentir lo que es verdad, abre la puerta a una sanación profunda. No se trata de "arreglar" a la otra persona, ni de arreglarte a ti. Se trata de aceptar lo que es, entender las lecciones que trae y crecer a partir de ellas.

Cuando dejamos de obligarnos a ver lo que creemos que deberíamos ver, nos damos la libertad de vivir de una forma más auténtica. Y en esa autenticidad está el poder de sanar, de transformarnos y de elegir un camino que de verdad esté alineado con quienes somos.

Katiana

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